viernes, 27 de octubre de 2017

Teoría de la personalidad de Cattell

La teoría de la personalidad de Raymond Cattell es una de las más famosas y reconocidas teorías factoriales de la personalidad. Estructuralista, correlacional e internalista al igual que Allport y partiendo del análisis del léxico, considera que la personalidad puede entenderse como función de un conjunto de rasgos, los cuales se entienden como la tendencia a reaccionar de determinada manera a la realidad.
Estos rasgos pueden dividirse en temperamentales (los elementos que nos indican cómo se actúa), dinámicos (la motivación de la conducta o actitud) o aptitudinales (las habilidades del sujeto para llevar a cabo la conducta). 
Los más relevantes son los temperamentales, de los cuales Cattell extraería los dieciséis factores primarios de la personalidad que se miden en el 16 PF (que harían referencia a afectividad, inteligencia, estabilidad del yo, dominancia, impulsividad, atrevimiento, sensibilidad, suspicacia, convencionalismo, imaginación, astucia, rebeldía, autosuficiencia, aprehensión, autocontrol y tensión).
La dinámica de la personalidad también depende de la motivación, encontrando diferentes componentes en forma de rasgos dinámicos o actitudes entre los que se encuentran los ergios (forma de actuar ante estimulaciones concretas como el sexo o la agresión) y los sentimientos.(Bermudez 2014)

Teoría de la personalidad ideográfica de Allport


Allport considera que cada individuo es único en el sentido de que tiene una integración de las diferentes características distinta del resto de personas (se basa en lo ideográfico, en lo que nos hace únicos), así como que somos entes activos que nos enfocamos hacia el cumplimiento de metas.
Se trata de uno de los autores que considera que la personalidad que trabaja la personalidad a partir de elementos estructurales y estables, los rasgos. Para él, intentamos que nuestro comportamiento sea consistente y actuamos de tal manera que creamos un sistema a partir del cual podemos hacer equivalentes diferentes conjuntos de estímulos, de manera que podemos responder de forma parecida a distintas estimulaciones. 
Así, elaboramos maneras de actuar o expresar la conducta que nos permiten adaptarnos al medio. Estos rasgos tienen diferente importancia en función de la influencia que tengan en nuestra conducta, pudiendo ser cardinales, centrales o secundarios.
El conjunto de rasgos se integraría en el propium o sí mismo, el cual se deriva de la autopercepción y autoconciencia generadas y compuestas por de la experiencia de identidad, percepción la corporalidad, los intereses y la autoestima, la racionalidad y la intencionalidad. (Mimeza 2017)

Teoría de los constructos personales de Kelly



Como ejemplo de teoría de la personalidad derivada del cognitivismo y el constructivismo podemos encontrar la teoría de los constructos personales de Kelly, de enfoque también clínico. Para este autor cada persona tiene su propia representación mental de la realidad y actúa de manera científica intentando dar una explicación a lo que le rodea.
Se considera que la personalidad se constituye como un sistema jerarquizado de constructos personales dicotómicos que tienen influencia entre sí, los cuales forman una red con elementos nucleares y periféricos mediante los cuales intentamos dar respuesta y hacer predicciones de futuro. Lo que motiva la conducta y la creación del sistema de constructos es el intento de controlar el medio gracias a la capacidad de predicción derivada de ellos y a la mejora de dicho modelo predictivo mediante la experiencia.

La teoría de los constructos personales de Kelly

El psicólogo y educador George Alexander Kelly (1905-1967) planteó su modelo de personalidad en sus dos obras fundamentales: “Teoría de los constructos personales”, publicado en 1955, y “Teoría de la personalidad”, de 1966.
De modo similar a los modelos de personalidad factoriales o de rasgos (por ejemplo el de Raymond B. Catell o el Big Five de Costa y McCrae), Kelly propone el uso de adjetivos calificativos para explicar la personalidad. No obstante, en este caso lo importante es el modo en que cada individuo construye y da significado a las palabras en cuestión.
Kelly concibe al ser humano como un científico que construye y modifica con la experiencia su conjunto de conocimientos y de hipótesis, o su filosofía vital, por tal de anticipar los resultados de su conducta y otros eventos. Esto tiene lugar a través de la formación de los constructos personales, categorías descriptivas que usamos para conceptualizar los acontecimientos.
Los constructos personales son dicotómicos y bipolares; esto significa que entendemos la personalidad y la experiencia humana en general a partir de adjetivos con polos opuestos. Algunos ejemplos de constructos personales serían las dicotomías feliz-triste, inteligente-tonto y alto-bajo. Los constructos no siempre son bipolares, como veremos más adelante.
Este autor consideraba que su perspectiva puede ser considerada como “alternativismo constructivo”. Con esto quería decir que, al estudiar la personalidad y el pensamiento humanos, convienecentrarse en la relevancia de una interpretación de la realidad para una persona concreta más que en su grado de veracidad en comparación con los hechos objetivos.

Los once corolarios de de esta teoría

El postulado fundamental de la teoría de Kelly afirma que todos los procesos psicológicos de un individuo dependen de la forma en que anticipa los eventos. De esta idea nuclear se derivan once corolarios, que resultan muy útiles para comprender cómo funcionan los constructos personales y cómo se desarrolla la personalidad según este autor.

1. Construcción

Los seres humanos utilizamos el pensamiento abstracto para construir modelos mentales de la realidad y con ellos predecir acontecimientos. Así, a partir de eventos del pasado anticipamos los del futuro.

2. Individualidad

Las diferencias psicológicas entre las personas dependen del grado de similitud entre sus sistemas de constructos, es decir, entre sus respectivos modos de construir la realidad mentalmente, puesto que son estos los que determinan el comportamiento y los contenidos mentales.

3. Organización

Los sistemas de constructos personales están organizados de forma jerárquica en función de su ámbito de aplicación. Esto permite evitar contradicciones al predecir a través de distintos constructos, dado que siempre habrá uno que tenga un peso mayor.

4. Dicotomía

Como hemos dicho, según Kelly las personas conceptualizamos la realidad a partir de pares opuestos de términos, como “frío-calor” o “nervioso-tranquilo”. Cuando sólo se conoce uno de los polos decimos que se trata de un constructo sumergido.

5. Elección

Los sistemas de constructos extensos permiten predecir muchos acontecimientos pero el riesgo de error es elevado; por contra, los que son más restrictivos minimizan la probabilidad de fallos pero anticipan un menor número sucesos. Las personas con un carácter más arriesgado tienden hacia la extensión, y las precavidas hacia la definición.

6. Ámbito

El corolario de ámbito o de aplicación hace referencia a que cada constructo es eficaz para predecir un determinado rango de fenómenos. El concepto “centro de conveniencia” se utiliza para hablar de los aspectos para los que el constructo resulta particularmente útil.

7. Experiencia

Aunque la experiencia vital puede modificar el sistema de constructos de una persona, esto no sucede de forma espontánea sino que tiene lugar a través de la construcción psicológica que hacemos de los eventos en cuestión. La susceptibilidad al cambio de un constructo o de un sistema de constructos determinado es un factor muy relevante en la personalidad.

8. Modulación

Este postulado habla de la permeabilidad, es decir, de la capacidad de un constructo para introducir elementos nuevos en su ámbito de aplicación y de la posibilidad de modificación de los constructos jerárquicamente superiores a éste.

9. Fragmentación

La fragmentación es la capacidad de un sistema de constructos de incluir subsistemas de los cuales se extraen predicciones contradictorias sin que ello conlleve una desorganización del conjunto. Este corolario se relaciona estrechamente con el de organización, puesto que la fragmentación depende de la jerarquización de los constructos.

10. Comunalidad

Un aspecto relevante de la teoría de Kelly es el énfasis en que los sistemas de constructos de dos personas que comparten la misma cultura tendrán una mayor probabilidad de parecerse que si no es así. Por tanto, lo mismo sucederá con el comportamiento, los valores y otros procesos psicológicos y contenidos mentales.

11. Sociabilidad

El onceavo y último corolario de la teoría de los constructos personales afirma que es más probable que entendamos a un individuo y que éste nos caiga bien si somos capaces de reproducir su sistema de constructos. Este postulado puede relacionarse de forma clara con el concepto de empatia, y se ve influido por el corolario de comunalidad.(Figueroa 2017)

Teoría fenomenológica de Carl Rogers

Desde una perspectiva humanista-fenomenológica de enfoque clínico, Carl Rogers propone que cada persona tiene su campo fenomenológico o manera de ver el mundo, dependiendo la conducta de dicha percepción.
La personalidad se deriva del autoconcepto o simbolización de la experiencia de la propia existencia, la cual surge de la integración de la tendencia a la actualización o tendencia a mejorarse a sí mismo con las necesidades de sentir amor por parte del entorno y de autoestima derivada del contraste entre su conducta y la consideración o respuesta que reciba esta por por parte del entorno. Si existen contradicciones, se emplearán medidas defensivas tales con las que ocultar dicha incongruencia.

La teoría fenomenológica de Carl Rogers


Carl Rogers fue un psicólogo de gran importancia en la historia de psicología, siendo reconocido por ser uno de los máximos exponentes de la psicología humanista y por su contribución a la práctica de la psicoterapia con innovaciones como la terapia centrada en el cliente. Gran parte de sus aportaciones se deben a su visión de cómo el ser humano integra la realidad para formar su propio Yo. Y este aspecto es especialmente trabajado en la llamada teoría fenomenológica de Rogers.
Esta teoría establece que cada persona percibe el mundo y la realidad de una manera particular a partir de la experiencia y de la interpretación que haga de ésta, de forma que construye su propia realidad a partir de dichos elementos. Esta interpretación de la realidad es lo que Rogers denomina campo fenomenológico. Para Rogers, la realidad es la percepción que cada persona tiene de ella, puesto que no es posible observarla de otro modo que no sea a través del filtro de nuestra propia mente.
Así, el profesional que pretende entender y tratar a otro ser humano ha de partir de la idea de que para comprenderle va a tener que tener en cuenta no solo lo que hace de manera objetiva, sino la visión subjetiva del mundo que posee y que le ha llevado a ella, trabajando con ambos elementos a un mismo tiempo a partir de la vinculación entre profesional y paciente.
La teoría fenomenológica de Rogers está basada pues en la idea de que la conducta está mediada por elementos internos, como la tendencia a la actualización y la evaluación de experiencias. El ser humano trata de encontrar su lugar en el mundo, sintiendo autorrealización con ello y basándose la concepción de éste en el crecimiento personal.

El ser humano como organismo que se actualiza

A lo largo de la vida el ser humano está expuesto continuamente a un flujo de situaciones que le van a obligar a adaptarse para sobrevivir. El objetivo de éste es encontrar el propio lugar en el mundo. Con este fin, poseemos como organismo la tendencia a actualizarnos constantemente: nos sentimos motivados a crecer y expandirnos continuamente ya que esto nos permite por un lado sobrevivir y por otro desarrollarnos y conseguir alcanzar autonomía y cumplir objetivos.
Asimismo, aprendemos a evaluar las situaciones positivamente o negativamente en función de si nos permiten dicha actualización, acercándonos a los elementos que nos permiten satisfacernos y alejándonos de los que nos la dificultan. Vamos aprendiendo a visualizar la realidad de determinada manera y esta visión va a marcar nuestra interacción con el medio.
Esta tendencia está presente desde el nacimiento, intentando coordinar dicho desarrollo con nuestro ser para formar un Yo más o menos estable a lo largo del tiempo, cosa que va a marcar nuestra identidad y nuestra personalidad.

El autoconcepto y la necesidad de aceptación y autoestima

La teoría fenomenológica se centra fundamentalmente en los procesos de cambio de la conducta y la personalidad a lo largo de la vida. Un concepto importante es el autoconcepto, el cual se entiende como la conciencia de uno mismo y que sirve como modelo o marco de referencia desde el cual se percibe la realidad y al que se liga la experiencia percibida para otorgarle, a la vez que a nosotros mismos, un valor. 
Este autoconcepto se fundamenta en el organismo, la totalidad de la persona, tanto a nivel físico como mental, y que sirve de base para las experiencias conscientes y no conscientes.
El autoconcepto se genera a lo largo de la evolución y crecimiento de la persona, según se interiorizan y autoasignan rasgos que perciben a partir de la actuación de los otros y sus efectos. En base a estos rasgos autoasignados se forma una imagen del sí mismo, adquiriendo poco a poco conciencia de su individualidad
La propia actuación del menor provoca una reacción por parte de los demás, reacciones que se volverán relevantes a lo largo del desarrollo al ir apareciendo progresivamente la necesidad de sentir afecto por parte de los demás y ser valorado positivamente. Según la conducta sea aprobada o por lo contrario castigada, la persona aprenderá a valorarse a sí misma de manera que se terminará por construir la autoestima.(Castillero 2017)

Teoría de la personalidad de Jung


Además de Freud, otros muchos componentes de la corriente psicodinámica han propuesto sus propias estructuras de personalidad. Por ejemplo, Carl Jung proponía que la personalidad estaba configurada por la persona o parte de nuestra personalidad que sirve para adaptarse al medio y que se relaciona con lo que los demás pueden observar y la sombra o la parte en que se incluyen aquellas partes del Yo que no resultan admisibles para el propio sujeto.
Asimismo a partir de los arquetipos adquiridos por el inconsciente colectivo y los diferentes complejos que adoptamos en nuestro desarrollo hacia la identidad se van generando diferentes tipos de personalidad en función de que las inquietudes se dirijan hacia el interior o exterior, si son más sensitivos o intuitivos y si tienden a centrarse más en pensamiento o sentimiento, siendo pensar, sentir, intuir y percibir las principales funciones psicológicas.

Los 8 tipos de personalidad según Carl Gustav Jung

No es ningún secreto que uno de los principales afanes de los psicólogos, históricamente, ha sido describir rasgos de personalidad. En unos casos esto se ha debido a la necesidad de crear parámetros más o menos objetivos con los que crear perfiles de personalidadútiles para la selección de personal, la descripción de tipologías de cliente o la investigación en trastornos mentales y factores de riesgo.
En otros casos, podría explicarse por motivaciones menos relacionadas con lo pragmático. A fin de cuentas, el simple hecho de poner cierto orden en el caos de comportamientos que puede exhibir el ser humano puede ser, de por sí, algo que satisface. Es por eso que durante décadas se han desarrollado varias pruebas psicométricas (como por ejemplo el 16 PF de Raymond Catell) que han ofrecido la posibilidad de medir aspectos de la personalidad y la inteligencia de manera sistemática. 
Carl Jung, sin embargo, no estaba interesado en este tipo de clasificaciones por considerarlas muy rígidas. Este seguidor del paradigma psicodinámico iniciado por Sigmund Freud prefería hacer la guerra por su lado.

Los ocho perfiles de personalidad, según Jung

A principios del siglo XX, cuando la psicología empezaba a entrar en su adolescencia, uno de los representantes más importantes de la corrriente psicodinamica se propuso la tarea de describir los tipos de personalidad que nos definen desde una perspectiva mística, fundamentalmente esotérica, y probablemente sin tener muy en cuenta las posibles aplicaciones prácticas de sus propuestas.
Su nombre era Carl Gustav Jung, y aunque no hayas oído hablar de él, es muy posible que alguna vez hayas utilizado dos de los términos que fueron popularizados por él: introversión y extraversión.

Carl Jung y su acercamiento a los tipos de personalidad

La relación entre Carl Jung, la filosofía y la psicología (entendida como la exploración de lo espiritual y lo no material) se remonta a sus primeros años de vida y duró hasta la muerte de este, en 1961. Durante este tiempo intentó describir las lógicas que hacen funcionar a la psique humana y el modo en el que este se relaciona con el mundo espiritual, utilizando para ello conceptos como el inconsciente colectivo o los arquetiois. No en vano se recuerda a Carl Jung como el fundador de la psicología profunda (o psicología analítica), una nueva "escuela" distanciada del psicoanálisis freudiano en el que Jung llegó a participar durante su juventud.
Carl Jung no quería describir mecanismos físicos que permitan predecir en menor o mayor medida cómo nos comportamos. Quería desarrollar herramientas que permitiesen interpretar el modo en el que, según sus creencias, lo espiritual queda expresado a través de nuestras acciones.
Es por eso que, cuando llegó el momento de su carrera en el que se propuso investigar sobre los tipos de personalidad, Carl Jung lo hizo sin renunciar a su particular visión sobre la naturaleza inmaterial de la mente. Eso le llevó a utilizar los conceptos de introversión y extraversión, que a pesar de ser muy abstractos han generado mucho interés.

La personalidad introvertida y la extravertida

Normalmente se ha relacionado la introversión con la timidez y la extraversión con la apertura a conocer gente. Así, las personas introvertidas serían reacias a entablar una conversación con alguien desconocido, preferirían no llamar demasiado la atención y serían presa fácil de los nervios en las situaciones en las que deben improvisar ante mucha gente, mientras que las personas extravertidas tenderían a preferir situaciones socialmente estimulantes.
Sin embargo, Carl Jung no definió la personalidad introvertida y extravertida centrándose en lo social. Para él, lo que definía la dimensión de personalidad introversión-extraversión eran las actitudes hacia los fenómenos subjetivos (frutos de la imaginación y del propio pensamiento) y los objetos externos a uno mismo (lo que pasa a nuestro alrededor).
Las personas introvertidas, según Carl Jung, son las que prefieren "replegarse en sí mismas" y centrar su atención y sus esfuerzos a explorar su propia vida mental, ya sea fantaseando, creando ficciones, reflexionando sobre temas abstractos, etc. La personalidad extravertida, en cambio, se caracteriza por mostrar mayor interés por lo que está ocurriendo en cada instante en el exterior, el mundo real no imaginado.
Así, las personas introvertidas tendrían una tendencia a preferir estar solas que en compañía de gente desconocida, pero exactamente por su timidez (entendida como una cierta inseguridad y una alta preocupación por lo que los demás piensen de uno mismo), sino como consecuencia de lo que les hace ser personas introvertidas: la necesidad de interesarse por esas personas, mantener un cierto grado de alerta por lo que puedan hacer, buscar temas de conversación, etc. Las personas extravertidas, en cambio, se sentirían más estimuladas por lo que ocurre a su alrededor., independientemente de si tiene que ver con situaciones sociales complejas o no.

Las cuatro funciones psicológicas básicas

En los tipos de personalidad de Carl Jung, la dimensión introversión-extraversión se mezcla con lo que él consideraba las cuatro funciones psicológicas que nos definen: pensar, sentir, percibir e intuir. Las dos primeras, pensar y sentir, eran para Jung funciones racionales, mientras que percibir e intuir eran las irracionales.
De la combinación de cada una de estas cuatro funciones con los dos elementos de la dimensión introversión-extraversión surgen los ocho tipos de personalidad de Carl Jung.

Los tipos psicológicos

Los tipos de personalidad de Carl Jung, publicados en su obra de 1921 Tipos Psicológicos, son los siguientes.

1. Pensamiento-introvertido

Las personas pertenecientes a la categoría reflexivo-introvertido están mucho más centradas en sus propios pensamientos que por lo que ocurre más allá de ellas. Se muestran interesadas, concretamente, por los pensamientos de tipo abstracto, las reflexiones y las batallas teóricas entre distintas filosofías y modos de ver la vida.

2. Sentimental-introvertido

Las personas pertenecientes al tipo de personalidad sentimiento-introvertido son poco habladoras, pero simpáticas, empáticas y sin especiales dificultades para crear vínculos afectivos con un círculo de personas pequeño. Tienden a no demostrar su apego.

3. Sensación-introvertido

Como ocurre en el resto de personalidades definidas por la introversión, la personalidad sensible-introvertida se caracteriza por estar enfocada a los fenómenos subjetivos. En este caso, sin embargo, estos fenómenos están más relacionados con los estímulos recibidos a través de los sentidos que con los sentimientos o las ideas abstractas. Según la definición de Carl Jung, este tipo de personalidad suele describir a las personas que se dedican al arte o la artesanía.

4. Intuitivo-introvertido

En este tipo de personalidad intuitiva-introvertida, aquello en lo que centra el interés de la persona son fantasías acerca del futuro y lo que está por venir... a costa de dejar de prestarle atención al presente. Estas personas serían de carácter más bien soñador.

5. Pensamiento-extravertido

Este tipo de personalidad reflexiva-extravertida se define por la tendencia a crear explicaciones acerca de todas las cosas a partir de lo que el individuo ve a su alrededor. Esto hace que se entiendan estas reglas como principios inamovibles sobre cómo se estructura la realidad objetiva, por lo cual este tipo de personas tendrían una manera de ver las cosas muy característica y que cambia muy poco con el tiempo. Además, según Carl Jung, intentan imponer esta visión del mundo al resto de personas.

6. Sentimental-extravertido

Esta categoría sentimental-extravertida estaría compuesta por personas altamente empáticas, con facilidad para conectar con los demás y que disfrutan mucho de la compañía. Según Jung, este tipo de personalidad se define por el hecho de estar relacionado con unas habilidades sociales muy buenas y una baja propensión a la reflexión y el pensamiento abstracto.

7. Sensación-extravertido

En este tipo de personalidad sensible-extravertida se mezcla la búsqueda de las sensaciones nuevas con la experimentación con el entorno y con los demás. Las personas descritas por este tipo de personalidad son muy dadas a la búsqueda del placer en la interacción con personas y entornos reales.

8. Intuición-extraversión

El último tipo de personalidad de Carl Jung, el tipo intuitivo-extravertido, se caracteriza por la tendencia a emprender todo tipo de proyectos y aventuras de duración media o larga, de modo que cuando termina una fase se quiere empezar otra de inmediato. Viajes, creación de empresas, planes de transformación... las perspectivas de futuro relacionadas con la interacción con el entorno son el centro de las preocupaciones de estas personas, e intentan hacer que el resto de miembros de su comunidad las ayuden en sus empeños (independientemente de si los demás salen tan beneficiados como uno mismo o no).

¿Son útiles los tipos de personalidad de Jung?

El modo en el que Carl Jung creó estos tipos de personalidad dista mucho a como se intenta hacer hoy en día, a partir de análisis estadísticos e investigaciones que involucran a cientos de personas. Ni en la primera mitad del siglo XX existían los métodos y las herramientas para crear modelos de personalidad con algo de robustez, ni el pensamiento de Jung encajó nunca con el modo de investigar que se sigue en la psicología científica, muy preocupada por crear criterios objetivos para delimitar rasgos de personalidad y poner a prueba las teorías a partir contrastando las expectativas con la realidad.
De los ocho tipos de personalidad de Carl Jung ha surgido el Indicador Myers-Briggs y los conceptos de introversión y extraversión han influido mucho a importantes psicólogos de las diferencias individuales, pero en sí mismas estas descripciones son demasiado abstractas como para predecir el comportamiento típico de las personas. Ceñirse a este tipo de definiciones sobre la personalidad puede hacer que caigamos fácilmente en el efecto Forer.
Sin embargo, que la propuesta de Carl Jung tenga un valor científico casi inexistente no significa que no pueda ser utilizado como un referente filosófico, una manera de vernos a nosotros mismos y a los demás que resulta sugerente o poética.(Triglia 2016)

Teoría de la personalidad de Freud

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La corriente psicodinámica ha aportado diversas teorías y modelos de personalidad, siendo las más conocidas las del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Para él, el comportamiento y la personalidad están vinculadas a la existencia de impulsos que necesitamos llevar a la práctica y el conflicto que supone esta necesidad y la limitación que la realidad supone para su cumplimiento. Se trata de un modelo clínico e internalista.
En su primera tópica, Freud proponía que la psique humana estaba estructurada en tres sistemas, uno inconsciente regido por la búsqueda de la reducción de tensiones y funciona a través del principio de placer, uno consciente que es regido por la percepción del mundo exterior y la lógica y el principio de realidad y un pre consciente en el que los contenidos inconscientes pueden hacerse conscientes y viceversa.
En la segunda tópica Freud determina una segunda gran estructura de la personalidad compatible con la anterior, en el que la psique está configurada por tres instancias psíquicas, el Id o Ello, el Yo y el Superyó. El Ello es nuestra parte más instintiva, que rige y dirige la energía interna en forma de impulsos y de la cual parten todas las demás estructuras. 
El Yo sería el resultado de la confrontación de los impulsos y pulsiones con la realidad, siendo una estructura mediadora y en continuo conflicto que emplea diferentes mecanismos para sublimar o redirigir las energías provenientes de los impulsos. Por último, la tercera instancia es el Superyó o la parte de la personalidad que viene dada por la sociedad y que tiene como principal función juzgar y censurar las conductas y deseos que no son socialmente aceptables.
La personalidad se va construyendo a lo largo del desarrollo, en diferentes fases, en base a los conflictos existentes entre las diferentes instancias y estructuras y los mecanismos de defensa aplicados para intentar resolverlos.(Castillero 2017)